Toosa / Territorio

Etapa Prehispánica

En la sala de cosmovisión se muestra como el pueblo yaqui, en estricto apego a la tradición oral, transmite de padres a hijos un mensaje con profundo sentido mítico-cosmológico que los arraiga a la Toosa y su origen como grupo. La Toosa es un binomio conceptual de carácter multidimensional. Por un lado, debemos considerar el sentido etnopolítico empleado para el diálogo intercultural y que se refiere precisamente a la tierra (jamás las tierras), y por otro, la definición usada para aludir a ese espacio que se habita, goza y aprovecha desde tiempos ancestrales[1]. Es breves palabras, es un concepto que abarca mucho más que un espacio geográfico medible.

De acuerdo a la tradición, los yaquis salieron de la propia tierra, no vinieron de ningún lugar, de ahí la trascendencia conceptual de la Toosa, porque en ella, a través del pasado, presente y futuro es posible la interacción con el entorno natural, practicar los rituales ancestrales heredados por generaciones, luchar por la sobrevivencia y desarrollar los diferentes modos de vida, que, en conjunto fortalecen el espíritu y cultura.

Originalmente, el patrón de asentamiento en el Valle del Yaqui era de ranchería dispersa a lo largo del río, los caseríos y algunos pueblos (formados durante la colonización) migraban dependiendo del nivel del torrente, donde se desarrollaban actividades de agricultura simple y construían pequeñas obras de irrigación. Durante la sequía cazaban venados, jabalíes, liebres, conejos, palomas y codornices, actividades que les permitía recorrer la Toosa logrando así conocerla y destacar como jefes durante las guerras que sostenían contra otros grupos indígenas[2] .

En la Toosa, el río Yaqui destacaba por su importancia ya que alimentaba las tierras de ópatas, pimas en la sierra y de los yoeme ubicados en el valle[3]. Existen registros que muestran un paulatino aprovechamiento de los recursos de diferentes pisos ecológicos que van del río hasta las costas. Los grupos ahí asentados fomentaron una cultura material que incluía una agricultura muy productiva, favorecida por el conjunto de los ríos Sinaloa, Fuerte, Mayo y Yaqui. Por su parte, la economía también comprendía actividades en el monte y en el bosque bajo, donde eran propicias la cacería y recolección, así como los recursos obtenidos de la vegetación obtenidas de las marismas y la pesca de litoral[4].

Cerros mitológicos

Los cerros que existen dentro de la Toosa juegan un papel importante debido a cada uno de los sucesos históricos que resguardan. Los más emblemáticos son:

Tosal kawi o Cerro Blanco

Abascaure o Cerro del Álamo

Siki kawi o Cerro Encantado

Omteme o Cerro Enojado

Otankawi o Cerro de los Huesos

Tenjawei o Cerro Boca Abierta

Cerro del Coracepe

Cerro Rejuntado

Cerro de la Rata o Tórim

Sierra del Bacatete

Cerro Moskobampo

La primera explicación de la Toosa, descrita en párrafos anteriores, forma parte de la mitología tradicional de la tribu Yaqui, sin embargo, existen otros relatos que surgieron durante el Porfiriato, a causa de las continuas tentativas de homogeneización en los aspectos social, cultural, político y económico, en estos relatos, los integrantes de la tribu se vieron obligados a reinventar una nueva legitimidad territorial, para borrar cada evidencia de influencia europea. Así, por ejemplo, según los mitos que se difundieron a finales de siglo XIX, sus pueblos ya no eran obra de los misioneros jesuitas, sino de cuatro profetas, yaquis, llegados al valle mucho antes de la aparición de los españoles[5]. En voz de cronistas de la tribu, la Toosa fue establecida de la siguiente forma: cuatro profetas mencionados específicamente como Ysidro Sinsai, Andrés Cusmes, Andrés Quizo y Rabbi Couguama, recibieron la visita de una bandada de ángeles, y en compañía de ellos caminaron a lo largo de la frontera, predicando y cantando; al cantar fueron definiendo la extensión del territorio tribal Yaqui y designando los hitos que marcaban claramente los límites[6].

Etapa Colonial

El primer dato que destaca de este periodo, y que hasta la actualidad continua en conflicto es sobre la extensión territorial de la tribu. En la época precolonial la Toosa yaqui abarcaba una superficie aproximada de cinco millones de hectáreas, misma que se vio reducida a poco menos de un millón y medio que le fueron reconocidas por la Corona Española[7].

La explicación siguiente continua la narrativa clásica de evangelización jesuita. Ellos llegaron a la zona en 1617 y lograron la aceptación de la tribu mediante precedentes como la visita de comités de mujeres Yaquis a los Mayos, donde se pudieron dar cuenta que la presencia de los misioneros permitía a sus vecinos enfrentar el mundo de diferentes maneras; vieron a los mayos, vestir, alimentarse, criar animales domésticos antes desconocidos (como caballos, vaca, cabras, borregos  y alguna especies de aves), así como sembrar una mayor multiplicidad de semillas y frutos; esto era conveniente a sus intereses y entonces se prepararon para negociar el acceso, pero indicando que este permiso solo aplicaba a los misioneros y no a los colonizadores españoles. La incursión jesuita daría comienzo a la reorganización territorial de la tribu, argumentando que era inviable dejar a sus habitantes “esparcidos” por el Valle, por lo que se les reunió alrededor de Ochos Pueblos, y éstos alrededor de un nuevo imponente referente simbólico, la iglesia. En 1623 los misioneros jesuitas, empezaron a reducir las más de ochenta rancherías dispersas a lo largo del río Yaqui. Esta etapa, aunque implicó cambios en la forma de vivir el territorio, aparentemente careció de conflictos por el mismo.

Los ocho pueblos

En la etapa Colonizadora, ni el criterio geográfico ni el lingüístico fueron suficientes para etiquetar a los pueblos del Valle como yaquis. Los que sí fueron considerados como tales fueron los ocho pueblos ubicados en ambas márgenes del río del mismo nombre: Koókoím, Bajkom, Tórim, Vícam, Potam, Rajum, Wibisin y Beene[8]. Los asentamientos poblacionales considerados actualmente como cabeceras son los ocho pueblos tradicionales identificados en conjunto con sus principales toponimias, estas deben su nombre a la abundancia de algún recurso existente en el lugar.

Históricamente, la primera defensa de la Toosa ante el despojo ocurrió en 1740, misma que culminó con un tratado en el que se reconocía el derecho de los pueblos nativos a conservar sus costumbres, su gobierno y la posesión total de sus tierras, así como sus armas[9].

Etapa Contemporánea

En 1825, el Pueblo Yaqui organizó su primer levantamiento en la época independiente, enarbolando la bandera de la preservación de sus formas de gobierno y la conservación de la Toosa sin la injerencia o colonización de otros grupos. En tiempos de Maximiliano, este expidió en 1866 la Ley sobre Terrenos de Comunidad y Repartimiento que beneficiaba los intereses del Pueblo Yaqui[10], sin embargo, tras su asesinato, décadas después la situación se agravó cuando el gobierno decidió abrir el territorio yaqui a deslinde, valoración (económica) y colonización. Con el ejército protegiendo los intereses de empresarios agrícolas y ante los embates capitalistas sobre la Toosa, se provocó una larga guerra que se exacerbó durante el Porfiriato (1876-1911); otra de las razones que la provocaron fue la pérdida de acceso al agua para que los grandes hacendados pudieran regar enormes extensiones de tierra en tiempos del gobierno de Ignacio Pesqueira. Gracias a esa explotación planificada con fines productivos, en la primera mitad del siglo XX, el Valle del Yaqui llegó a ser considerado “el granero de México”[11] con la tierra más fértil del noroeste.

Fue hasta 1937 con Lázaro Cárdenas, que se establece una relación diferente hacia los yaquis y comienzan a arribar las instituciones públicas al territorio tradicional junto con sus programas públicos[12]. Entonces, mediante gestión y diálogo entre ambos, se conforma la ley de 1940 en donde a la Tribu se le reconoce toda la extensión de tierra laborable ubicada sobre la margen derecha del Río Yaqui, con el agua necesaria para riegos, de la presa en construcción de la Angostura, así como toda la sierra a cuyos componentes se les proveerá de los recursos y elementos necesarios para el mejor aprovechamiento de sus tierras[13].

Pero a partir del gobierno de Manuel Ávila Camacho las reformas cardenistas perdieron continuidad. En este contexto, inicia una cadena de reveses a los intereses y necesidades de la tribu, en 1941 se concluyó la presa La Angostura, en el alto Río Yaqui, y en 1945 comenzó a funcionar la presa de Oviáchic bajo condiciones que obstruían la dotación del cincuenta por ciento de agua prometida. Medio siglo después, en 1997 con el entonces presidente Ernesto Zedillo, se decretó la expropiación de 2,688-48-35.89 hectáreas, para lo cual llevó a cabo una ejecución arbitraria y unilateral del Decreto de 1940, profundizando el despojo territorial.

Otro asunto que se añadió a la lista de problemas territoriales fue el desconocimiento por parte de la tribu por el número de ejidos que fueron dotados con posterioridad a los decretos presidenciales emitidos por el General Cárdenas, la superficie afectada y su localización precisa; tampoco se conocían el número de hectáreas que ocupan los poseedores irregulares y los presuntos pequeños propietarios[14]. Situación que tiene sentido si recordamos que la Toosa no implica mediciones geográficas exactas sino un espacio natural y simbólico donde se vive, es decir, un espacio vital que se rige conforme con al lema “Dios nos dio la tierra a todos los yaquis y no un pedazo a cada uno”. Y el único factor que tal vez puede llegar a implicar propiedad de la tierra como bien material, es en el cual, tanto hombres como mujeres heredan la casa, y tierra familiar[15].

Actualmente, la pugna por el reconocimiento pleno de la extensión territorial ha derivado a instancias donde la propiedad tradicional se encuentra protegida por instrumentos internacionales sobre derechos de los pueblos indígenas, en particular las resoluciones de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos (CoIDH) que ha dado pleno reconocimiento y validez jurídica a la posesión tradicional[16]. Por lo que en el año 2020 se inició el Plan de Justicia para el Pueblo Yaqui, cuyo eje principal es el territorio.

[1] Rojo Valencia, Tomás. (2017). La identidad yaqui y el agua En Conflictos por el agua y alternativas en los territorios indígenas de México. Jiutepec, Morelos: Instituto Mexicano de Tecnología del Agua. p. 100. Recuperado de http://repositorio.imta.mx/handle/20.500.12013/1839

 

1 Padilla Ramos, Raquel. (2020). Agua es territorio: un panorama general de las luchas yaquis por la defensa de sus recursos naturales En Noroeste de México, (2). p. 33-34. Recuperado de http://mediateca.inah.gob.mx/repositorio/islandora/object/issue:3036

2 Restor Rodríguez, María M. (2017). La identidad yaqui y el agua En Conflictos por el agua y alternativas en los territorios indígenas de México. Jiutepec, Morelos: Instituto Mexicano de Tecnología del Agua. p. 86. Recuperado de http://repositorio.imta.mx/handle/20.500.12013/1839

3 Ibid., p. 85

4 Comisión Presidencial de Justicia para el Pueblo Yaqui. (2020). Plan de Justicia para el Pueblo Yaqui. Ciudad de México: Secretaría de Gobernación. p. 51. Recuperado de https://www.inpi.gob.mx/gobmx-2021/Plan-de-Justicia-del-Pueblo-Yaqui.pdf

5 Abbondanza, Ermanno. (2009). Los “otros” entre “nosotros”: el proceso de a-normalización de los yaquis en el México porfiriano (1890- 1909). p. 325. Recuperado de https://revistasojs.ucaldas.edu.co/index.php/virajes/article/view/836

6 Comisión Presidencial de Justicia para el Pueblo Yaqui. (2020). Plan de Justicia para el Pueblo Yaqui. Ciudad de México: Secretaría de Gobernación. p. 48. Recuperado de https://www.inpi.gob.mx/gobmx-2021/Plan-de-Justicia-del-Pueblo-Yaqui.pdf

7 Ibid., p. 52

8 Spicer, Edward. (1994). Los yaquis: historia de una cultura. México: Universidad Nacional Autónoma de México. p. 30

9 Comisión Presidencial de Justicia para el Pueblo Yaqui. (2020). Plan de Justicia para el Pueblo Yaqui. Ciudad de México: Secretaría de Gobernación. p. 53. Recuperado de https://www.inpi.gob.mx/gobmx-2021/Plan-de-Justicia-del-Pueblo-Yaqui.pdf

10 Comisión Presidencial de Justicia para el Pueblo Yaqui, op. cit., p. 55

11 Padilla Ramos, Raquel. (2020). op. cit., p. 37

12 Restor Rodríguez, María M., op. cit., p. 84

13 Comisión Presidencial de Justicia para el Pueblo Yaqui. (2020). Plan de Justicia para el Pueblo Yaqui. Ciudad de México: Secretaría de Gobernación. p. 57. Recuperado de https://www.inpi.gob.mx/gobmx-2021/Plan-de-Justicia-del-Pueblo-Yaqui.pdf

14 ibid., p. 64-71

15 Restor Rodríguez, María M., op. cit., p. 143

16 Comisión Presidencial de Justicia para el Pueblo Yaqui, op. cit., p. 73

Diseño y dirección general del proyecto. Mirko Marzadro (ITESCA)

Dirección ejecutiva del proyecto, diseño y desarrollo de software. Olavo Rojas Vega (Redescubramos Sonora A.C.)

Catalogación. Felipe López Valentín (Redescubramos Sonora A.C.)

Investigación, curaduría y redacción

Teodoro Buitimea Flores

José María Ruiz Félix

Mirko Marzadro

Felipe López Valentín 

Imágenes

Museo Étnico de los Yaquis

Archivo General del Estado de Sonora

Mapoteca Manuel Orozco y Berra

Fotografía

Juan Casanova

Olavo Rojas Vega

Diseño web

Olavo Rojas Vega

Directora General del Instituto Sonorense de Cultura.  Guadalupe Beatriz Aldaco Encinas

Coordinador de Patrimonio Cultural del Estado de Sonora. Francisco Ramírez Arroyo

Responsable del Museo Étnico de los Yaquis. Reyna Lourdes Anguamea Buitimea

Directora General del Instituto Tecnológico Superior de Cajeme. Martha Patricia Patiño Fierro