Historias

Decreto Número 64

Hace 93 años, el 30 de noviembre del 1927 se publicó en el Boletín Oficial del Estado de Sonora la Ley número 16, “Ley que erige en Municipio Libre la Comisaría de Cajeme”, aprobada por del Congreso del Estado en la sesión del 25 de noviembre. Esta fecha es citada en un gran número de publicaciones impresas y electrónicas, por parte de investigadores, cronistas, periodistas y aficionados de la historia de Ciudad Obregón y del Valle del Yaqui como un evento que no se puede pasar por alto. Efectivamente es así, ya que se crea una unidad administrativa con poderes sobre una nueva demarcación territorial que treinta años antes se encontraba prácticamente despoblada y que para el año de 1950 tenía una pujante economía, mercado del trabajo y una población municipal que rebasó durante dos décadas a la del municipio cabecera del estado. Sin embargo, quizás se podría afirmar que esa fecha tiene un significado más profundo. Se podría interpretar como un evento que marca un antes y un después sobre el proceso de instauración de un nuevo orden social; el de la colonización forzada del Valle del Yaqui.

El nuevo orden social, el de los colonos, empezó a instaurarse en forma violenta en el Valle del Yaqui a partir de la década del 1880, y para el 1911 había llegado a un primer grado de consolidación con la creación de los municipios de Bácum, Cócorit, Pótam y Tórim. Los nuevos municipios eran la representación de la fuerza económica y demográfica de los colonos al amparo del ejercito que tenía militarizado el Valle del Yaqui, precisamente para fomentar y proteger la llegada y progreso de nuevos habitantes. La colonización fue una estrategia de la elite política y económica sonorense apoyada por el gobierno federal. Una estrategia pensada desde antes del porfiriato y que se siguió consolidando en manos de los gobiernos revolucionarios. En forma quizás un poco ruda, se podría hasta afirmar que esa estrategia usó a los colonos como balas de cañón en contra de los Yaquis los cuales a su vez se rebelaban atacando a los colonos creando una pugna para los escasos recursos de la zona: tierra apta para cultivos, agua para riego y mano de obra para hacer producir la tierra. Esa pugna, que tuvo manifestaciones violentas hasta el final de la década del 1920 es la base de los prejuicios, discriminación y racismo que continuamos viviendo hoy en el complejo contexto multicultural y poco intercultural local.

Los inmigrantes sonorenses, mexicanos de otros estados y extranjeros que a partir del 1907 empezaron a asentarse en Estación Cajeme eran 38 en 1910, 237 en 1921 y al principio del 1925 habían llegado a ser alrededor de 450. ¿Quiénes eran los vecinos de Estación Cajeme que hicieron frente común para promover la formación del nuevo municipio? ¿De dónde venían? ¿Por qué querían ser autónomos políticamente y administrativamente? y, por último, pero no menos importante ¿Que provocaría esa demanda en la instauración de un nuevo orden social, económico y político a nivel local? Estas preguntas cruciales para entender la conformación histórica del territorio en el cual vivimos, un territorio en contienda, es algo que no ha capturado adecuadamente el interés de investigadores, cronistas, periodistas y aficionados.  En el siglo XIX el discurso público de las elites se concentraba en la necesidad de colonizar el Valle del Yaqui como estrategia de “blanqueamiento” de la tribu, para integrar a los Yaquis a la ideología dominante convirtiéndolos en propietarios a título individual de pequeños lotes de sembradura y paralelamente como mano de obra estable y siempre aprovechable para trabajar las mayores extensiones de tierra del Valle del Yaqui que serían otorgadas, a veces a título gratuito o a veces vendidas, a los colonos. En otras palabras, el pensamiento decimonónico desarrolló acciones tendientes a asimilar al grupo autóctono a la ideología dominante.

Con el crecimiento del número de colonos y con el aumento progresivo de su poder económico, se abrió un nuevo escenario, que era el de concentrar todos los recursos para colonizar en la margen izquierda de río, es decir seguir en el desarrollo del Valle Nuevo del Yaqui, aprovechando de la existencia de una estación del tren (Cajeme) que ya en forma incipiente estaba demostrando su potencial de centro de abastecimiento de bienes y servicios para los cultivadores que desmontaban siempre más tierras en la zona.

Se pude interpretar también como parte de esa gran estrategia la reforma del 13 de noviembre del 1922 al contrato para aprovechar agua del Río Yaqui entre el Gobierno Federal, encabezado por el general Obregón y la Compañía Constructora Richardson. En ese contrato queda en segundo plano la construcción de un canal en la margen derecha del Río Yaqui. El desarrollo agrícola de la zona de los ocho pueblos, que a partir del contrato celebrado entre Carlos Conant y el Ejecutivo Federal el 22 de agosto del 1890, refrendado en los contratos del 1909 y 1911 con la Compañía Constructora Richardson ya no era prioridad. No lo eran y no lo serían hasta la actualidad. Ya no era prioridad integrar a los Yaquis al modelo social-cultural y político-económico dominate, porque tantos años de ejercer la sanguinaria guerra de guerrillas y la deportación de familias a diversos estados habían hecho menguar la fuerza de la tribu, reducido su número respecto a los de los colonos que poco a poco se estaban asentando y que más y más empleaban y emplearán mano de obra (braceros) inmigrantes demostrando que el paradigma decimonónico ya no era válido. Ya no se necesitaba asimilar a los yaquis para aprovechar su fuerza de trabajo como braceros. Se necesitaba mantener la ventaja competitiva sobre los Yaquis, y eso se lograría sin desarrollar la infraestructura de riego en la margen izquierda. Se lograría también separando lo más posible sea físicamente que administrativamente a los yaquis de los colonos, por eso era conveniente la creación de un nuevo polo de desarrollo en el Valle, polo que a partir del 1928 será rebautizado con el nombre de Ciudad Obregón. Ese nuevo orden socio-espacial, por así decirlo, es el que favoreció la inmigración que fue el motor de desarrollo económico para los pioneros y colonos que ya no necesitaban la mano de obra barata de los yaquis para desmontar, sembrar, regar y cosechar. Lo que quizás en un primer momento no se había planificado adecuadamente (o quizás era el riesgo que se tenía que correr) era que esos braceros inmigrantes, reclamarían tierras, esas tierras que con conflictos se le otorgarían en los repartos de tierra que se dieron entre los gobiernos del general Cárdenas y el del licenciado Echeverría, pero eso lo abordaremos más adelante presentando otros documentos históricos

Por lo pronto, para conmemorar el 93° aniversario del municipio se pone a disposición un escrito que 141 vecinos de la comisaría de Cajeme presentaron al Congreso del Estado el 20 de diciembre del 1925 en el siguinete enlace: redescubramossonora.mx/decreto-no-64-2/. Se trata del primer proyecto de Ley que erige en municipio a la comisaría de Cajeme, municipalidad de Cócorit, Río Yaqui.

Si se analiza detenidamente el Artículo Único de la propuesta de ley se entenderá que los firmantes apuntaban a formar un municipio que comprendiera prácticamente toda el área de cultivo del Nuevo Valle dejando sin recursos a los municipios de Bácum y Cócorit. El texto se publica en el Boletín Oficial del 5 de mayo de 1926 para recabar la opinión de los gobiernos de los municipios potencialmente afectados. Esa propuesta crea conflictos internos al nuevo orden, el de los colonos, como se demostrará en otros documentos que iremos presentando.

Se espera que esta primera lectura permita alimentar un debate informado y fundamentado que ayude al entendimiento de este territorio denso de conflictos e incomprensiones en el cual vivimos.

Mirko Marzadro
CONACyT – ITESCA